La Mamadre
María Loreto Varela, Enfermera Universitaria UPC Clínica Dávila
“La mamadre viene por ahí, con zuecos de madera” (…), recuerda Pablo Neruda a su mamadre, ya que nunca pudo decirle madrastra, en el poema homónimo.
Es posible ser madre o padre sin ser los progenitores, eso está claro. En la adopción, cuando un matrimonio decide tomar la tutela material, educacional y espiritual de su hijo, se asume un compromiso pactado por amor, para toda la vida. Es más, el cariño supera toda barrera biológica en la tarea de paternidad.
Pero, ¿Qué sucede cuando un padre asume la tutela legal de su hijo?, ¿Qué pasa cuándo ese padre afirma públicamente su homosexualidad, además de su vida en pareja con una persona de su mismo sexo? Planteo estas preguntas dentro del contexto nacional.
Por un lado están aquellos que declaran esta situación como un “precedente” de la legislación chilena, un “avance” en la aceptación de las “diversas formas de amar”. Por otro, aquellos timbrados bajo la etiqueta de conservadores e intolerantes de todo aquello que va hacia el “progreso” de la libertad humana.
Usted, madre, padre: ¿Qué considera necesario en la educación de sus hijos? Imagino que mencionará todo lo material, educacional y espiritual necesario para el crecimiento integral de sus hijos. Pero ahora esta pregunta debe ir un poco más allá: ¿Qué considera usted necesario para formar una persona íntegra, que deje su huella entregando lo mejor de sí, no sólo por el reconocimiento personal, sino por la caridad y valores en los distintos ámbitos de su vida?
En este tiempo de exitismo, cuando se envían a los niños de 4 años a rendir pruebas de grandes a colegios de prestigio. En este tiempo cuando surgen diversas universidades para brindar la opción de alcanzar un título profesional que revela, en parte, la superación socioeconómica de tantas familias chilenas. En este tiempo de fácil acceso comunicacional, donde los niños tienen el poder de elección que el mercado tanto anhela ¿No estaremos olvidando algo?
Hoy es posible elegir muchas cosas, según el alcance económico, en prácticas cuotas pactadas a largo, mediano o corto plazo. No es difícil elegir el color de un auto, un combo de comida chatarra, el canal de noticias, el programa de farándula, etc. Estamos llenos de decisiones a lo largo del día, desde la pregunta de donación del vuelto en el supermercado hasta la toma de decisiones en el lugar de trabajo. ¿Quién decide hoy lo que es familia?
En el caso de tuición donde una madre cede a su esposo, homosexual conviviendo actualmente con una pareja de su mismo sexo, los dos hijos de su matrimonio, ésta es interrogada por un periodista sobre las implicancias de entregar la tutela de sus hijos a esta pareja. Señala: "lo que sean mis hijos el día de mañana, no es responsabilidad mía, porque esa es opción de ellos".
Pareciera que los padres de hoy, entre tanta oferta y demanda, optan por entregar “la canasta básica” de crianza, algo express que no empañe la competencia entre las metas personales que quiero alcanzar versus el tiempo, dedicación, sacrificio y entrega que significa ser padres sin fronteras, las 24 horas del día, los 365 días del año, sin relevar ni delegar, asumiendo en cuerpo y alma todo lo que esto implica. Pareciera más fácil comenzar a delegar las decisiones a los hijos, legislación, sociedad, de todos modos ya se le ha entregado lo necesario para que en un futuro sean capaces de seguir adelante con dichas las herramientas.
En la decisión de qué es familia actualmente, participan muchos protagonistas. Desde los propios padres implicados e hijos, pasando por jueces y legisladores, grupos minoritarios y mayoritarios, liberales y conservadores, religiosos y ateos, medios de comunicación masivos y centros de estudios sociales.
Es posible ser madre y padre, nadie lo niega, como aquella viuda que aparenta terquedad, pero nadie conoce lo que significa vivir con dos roles tan importantes. Dejémonos de juegos, ¿Ya? Que ser madre y padre para esa mujer es más que un capricho de libertad sexual, lo dicen sus ojos y sus manos. La mamadre es quien se recuerda hasta el último día de la vida, incluso por el sonido de su andar con suecos, y no quien desea lo que nunca podrá ser, ni biológica ni espiritualmente.