La búsqueda
Maria Loreto Varela, EU Clínica Santa Maria
Parece contradictorio iniciar esta columna con una palabra opuesta al resultado, es decir, hablar del encuentro si el título lleva por nombre búsqueda ¿No? Pero esto no es así.
El dilema de encontrar aquella persona con quien compartir el resto de la vida se define como utópico, convencionalista o tradicionalista para algunos. Para quienes tenemos la convicción del matrimonio para toda la vida, no. Entonces, cuando nos detenemos en algún momento de nuestras rítmicas vidas, algo nos llama a volver a una imagen materna y/o paterna que nos invita a ir en búsqueda de algo o alguien más allá de nosotros mismos. No es tarea fácil, pero sí motivante.
Existe una especie de línea que nos lleva desde la conformación de una vida profesional sólida, que nos permita un desarrollo adecuado y conforme a nuestras capacidades y expectativas, hasta la formación de una familia. Si miramos hacia los lados de esta línea, vemos en cada rincón dos vértices fundamentales, coexistentes y complementarios: el crecimiento individual junto al asentamiento socioeconómico necesario para sustentar esta familia.
Mucho se nos pregunta por qué nos casamos más tarde que antes. Yo diría que hemos aprendido la lección de nuestros antecesores. Hoy, más que nunca, queremos hacer las cosas bien, sin prisa, siempre está el miedo al fracaso, pero con todas las herramientas a nuestro favor es posible ser iconoclastas en cuanto a las imágenes paternas posibles. Aquí está el punto de quiebre para iniciar el propio proyecto de familia, tal como se corta un día el cordón umbilical para iniciar los propios procesos vitales.
Se realiza harto trabajo de por medio, hartos sacrificios también. ¿Cuántos de nosotros ya nos encontramos embarcados en un postgrado? ¿Cuántos hemos tomado la decisión de viajar en pos del perfeccionamiento profesional? ¿Cuántos de nosotros dejamos de lado relaciones que no nos llevan a ninguna parte? ¿Cuántos de nosotros luchamos contra nuestras propias debilidades para crecer en armonía? ¿Cuántos no abandonamos la lucha espiritual diaria, en lo cotidianamente sublime?
Tal vez hayas respondido sí a alguna o más de las anteriores interrogantes. Te aviso algo, tú como yo y tantos estamos en la búsqueda de algo grande, que trasciende tu persona y es parte de toda sociedad que se tilde de desarrollada. Te recuerdo que la meta es alta, pero una vez en la cima todo cobra sentido.
