sábado 19 de julio de 2008

Cueste lo que cueste
Felipe A. Castillo Farías, desde Oviedo, España

Hace un tiempo, una amiga me decía que no le gustaba dejar de hacer algo que ya se había propuesto, porque lo encontraba poco comprometido. Que si se ponía algo en la cabeza, lo debía terminar siempre. Le preguntaba: ¿y si en el camino te das cuenta que estás equivocada?, y me respondía que le daba igual: si el compromiso era para terminarlo, debía hacerlo cueste lo que cueste.

Mala cosa. Se puede rectificar, y enmendar a tiempo el error.

Los seres humanos nos equivocamos. Es una premisa que ¡cuesta tanto entender!, porque somos soberbios y creemos que siempre tenemos la razón. Quien se equivoca, debe realizar un gran acto de desapego a su ego personal para dar cuenta a sí mismo y a los demás que él no es el depósito de la verdad, que se equivocó, y que pide perdón.

Hace unos días, escuche un comentario de un marxista que cuestionaba a los católicos por el hecho de tener la confesión como modo de “olvidar” los errores y alivianar las culpas. Decía que la vida para los católicos era súper fácil: se equivocan –pueden ser actos realmente repugnantes– y Dios siempre los va a perdonar. Y así los católicos se quedan tranquilos ante Dios y ante ellos mismos.

Poco entendido en la materia este señor. Primero, la verdad es que para los católicos, confesarse no es nada fácil. Implica darse cuenta que están equivocados en algo y que en eso han ofendido a Dios, faltando a la verdad. Luego, deben sentir arrepentimiento de lo que han hecho. Y luego confesarse ante un sacerdote, venciendo la vergüenza y la desconfianza que puede llegar a provocar el contarle nuestras miserias a un hombre, que sin embargo simboliza a Dios que perdona.

Además, este señor olvidaba que debemos enmendar la culpa. Si alguien roba, debe devolver lo robado. Si alguien comete un desacato, intentar arreglarlo como pueda, y así. No es un quedar bien tan solo con Dios, él espera que quedemos bien también con los hombres y que este método sea además un instrumento de perdón mutuo. Yo reconozco mi culpa, yo te perdono.

Debemos reconocer los errores. No hacerlo es cosa de humanos, sin embargo, hay que intentar día a día ser mejores y hacer ese empeño. Y así, también aceptar que la gente se equivoca, y perdonar.

Otro amigo me decía que hay algo que jamás podría perdonar en una relación de pareja, y es que su polola le engañara. Yo le decía que el amor implica perdonar eso y mucho más, si quien comete el error demuestra claros signos de arrepentimiento y enmienda. Y si no, perdonar igual. ¿Quién soy yo para no hacerlo?

Cuesta, a veces más de lo que creemos. Vamos que se puede.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El perdón no puede existir cuando hay encubrimiento del error, tampoco cuando el perdón no se pide directamente a la víctima de ese error...
Por eso en Australia, aún no hay perdón.

Felipe A. Castillo Farías dijo...

Ojo, sí lo hay. Hay que leer bien las cosas que escribió el Papa.

Saludos cordiales