Es curioso. Da la sensación de que al chileno medio, le cuesta cada vez más ver la realidad. Quizás es porque no está de moda (siempre ha sido más “choro” llevar la contra), o porque los países primermundistas se han empecinado en ver la realidad con ojos perturbados y nosotros, creemos que la senda del desarrollo está en copiarles todo.
Con el tema de la píldora del día después (PDD), pasa lo mismo. Y me gustaría que los fieles lectores de esta columna, ingresen al blog donde almaceno lo que escribo: http://www.consequor.blogspot.com/, y lean los comentarios de la columna de hace 2 semanas.
La realidad es clara. El aborto, es un crimen grotesco, vil, cobarde. Se asesina a un niño indefenso, por capricho. Los motivos podrán ser muchos, algunos quizás incluso lleven a pensar que el mal es proporcional al asesinato. Sin embargo, nunca va a ser lícito matar un inocente, independiente de los motivos a que se apele.
Así y todo, es interesante ver como la gente de empecina en buscar el argumento para hacer lícito este crimen, porque les conviene. Es que nadie quiere ser un criminal. Lean los comentarios del blog y verán.
Algunos comentan que la PDD, como actúa en una etapa en que ese niño es muy pequeño, ¡da lo mismo matarlo! Otros, consideran que el producto de la concepción no es un embrión. Y que el embarazo partiría desde la implantación de éste en el útero materno. Se basan en que existe una probabilidad muy baja de que el embrión se implante, y llegue a término. O que si no se implanta, no llega a término, por lo tanto la vida partiría desde ese momento.
Acá una cosa es clara. Desde el momento de la fecundación, ese óvulo y ese espermatozoide, dejan de ser lo que eran y pasan a ser otra cosa, que de no mediar la selección natural, crecerá, nacerá, y morirá muchos años después, si todo anda bien. ¿Qué no es una persona igual que nosotros? A mi me parece evidente que sí, pero como están las cosas, por un motivo sociológico difícil de entender, nos cuesta darnos cuenta que así es.
Para otros, el asesinato de un niño inocente tiene matices en cuanto a su licitud. Si es producto de una violación, ¡matémoslo!, ese bastardo no merece nacer. Me pregunto si ese niño tiene alguna culpa de ese crimen. Claro, es un crimen grotesco, ¡terrible!, pero ¿nos da la libertad para matar a alguien? Confío en que vosotros aún manteneis un grado de cordura y creeis que no.
Por suerte, tenemos un océano que nos cubre por un lado, y una cordillera cada vez menos alta que nos cubre por el otro. Más que escollos, son ayudas. Ojalá nos ayuden a seguir pensando (como creo que aún lo hacen la mayoría de los chilenos), que la vida es un don sagrado que no se puede quitar. Y que al menos, a los niños debemos darles la oportunidad de nacer.
