Conspiranoia
Marta Salazar Sánchez, desde Bonn, Alemania
Wolfgang Wippermann, profesor de Historia en la Universidad de Berlín, acaba de publicar un libro muy interesante y que me gustaría comentar brevemente: “Agentes del mal: teorías de las conjuración, desde Lutero hoy”.
El autor -un hombre catalogado de izquierda- analiza en forma brillante el esquema de las teorías de la conspiración o de las “conjuraciones” en la historia.
Se refiere, para empezar, a las teorías en torno al atentado a las Torres gemelas el 2001. Tengo que aclarar que me parece que todas estas conspiro-teorías sobre el atentado al World Trade Center, que en Europa son de ultraizquierda, en países americanos, parecen ser banderas de la ultraderecha. Como decía algún griego: todo es relativo. Prosigue explicando que el origen de tales ideas obedece a un movimiento anti-ilustrado: quienes adhieren a ellas, creen ver la acción del demonio en el mundo a través de determinados grupos que serían demoníacos e intentarían controlarlo todo. Ello, sin mencionar al demonio, por supuesto; pero es la ideología subyacente, aclara el autor. Según quienes adhieren a estas teorías, grupos secretos y muy influyentes serían agentes del demonio en el mundo, encarnación de todo lo malo. Es, por ej., la antigua paranoia contra de los llamados "sabios de Sión". Hace ver que, muchas veces se culpa a los servicios secretos de controlar el mundo. Por ej., la izquierda paranoica acusa a la CIA de cualquier cosa. Al tiempo que la derecha paranoica (los paranoicos de este sector, que tienen mucho en común el grupo paralelo de izquierda) veía a la KGB detrás de cualquier acción que a ellos no gustara. Hoy en día -continúa Wippermann- algunos grupos políticos de izquierda (en Europa), acusan de todo al Mossad. Sí, en la izquierda europea está de moda ser anti-israelí. Por otra parte, algunos sectores que se autocalifican de derecha (en España hay lamentables ejemplos) culpan de todo a los musulmanes. Y plantean teorías muy folklóricas de cómo los seguidores del Profeta pretenden controlar el mundo. Estos grupos, se sienten, para colmo de males, injustamente tratados y no reconocidos en sus “innumerables méritos” individuales y colectivos y “demonizan al adversario” o a quienes “sienten” como tal. Sí, hay una irracionalidad intrínseca en su comportamiento. Es la actitud del grueso de la masa sin cultura que apoyó al nacional socialismo en Alemania y que culpó a los judíos y a la “plutocracia anglosajona” de todas sus desgracias.
Marta Salazar Sánchez, desde Bonn, Alemania
Wolfgang Wippermann, profesor de Historia en la Universidad de Berlín, acaba de publicar un libro muy interesante y que me gustaría comentar brevemente: “Agentes del mal: teorías de las conjuración, desde Lutero hoy”.
El autor -un hombre catalogado de izquierda- analiza en forma brillante el esquema de las teorías de la conspiración o de las “conjuraciones” en la historia.
Se refiere, para empezar, a las teorías en torno al atentado a las Torres gemelas el 2001. Tengo que aclarar que me parece que todas estas conspiro-teorías sobre el atentado al World Trade Center, que en Europa son de ultraizquierda, en países americanos, parecen ser banderas de la ultraderecha. Como decía algún griego: todo es relativo. Prosigue explicando que el origen de tales ideas obedece a un movimiento anti-ilustrado: quienes adhieren a ellas, creen ver la acción del demonio en el mundo a través de determinados grupos que serían demoníacos e intentarían controlarlo todo. Ello, sin mencionar al demonio, por supuesto; pero es la ideología subyacente, aclara el autor. Según quienes adhieren a estas teorías, grupos secretos y muy influyentes serían agentes del demonio en el mundo, encarnación de todo lo malo. Es, por ej., la antigua paranoia contra de los llamados "sabios de Sión". Hace ver que, muchas veces se culpa a los servicios secretos de controlar el mundo. Por ej., la izquierda paranoica acusa a la CIA de cualquier cosa. Al tiempo que la derecha paranoica (los paranoicos de este sector, que tienen mucho en común el grupo paralelo de izquierda) veía a la KGB detrás de cualquier acción que a ellos no gustara. Hoy en día -continúa Wippermann- algunos grupos políticos de izquierda (en Europa), acusan de todo al Mossad. Sí, en la izquierda europea está de moda ser anti-israelí. Por otra parte, algunos sectores que se autocalifican de derecha (en España hay lamentables ejemplos) culpan de todo a los musulmanes. Y plantean teorías muy folklóricas de cómo los seguidores del Profeta pretenden controlar el mundo. Estos grupos, se sienten, para colmo de males, injustamente tratados y no reconocidos en sus “innumerables méritos” individuales y colectivos y “demonizan al adversario” o a quienes “sienten” como tal. Sí, hay una irracionalidad intrínseca en su comportamiento. Es la actitud del grueso de la masa sin cultura que apoyó al nacional socialismo en Alemania y que culpó a los judíos y a la “plutocracia anglosajona” de todas sus desgracias.
Para terminar, Wippermann aclara que, si alguien les rebate algún punto, acusan a sus contradictores de haber caído en las garras de los conjurados o de haber pasado a ser sus agentes. Era, por ej., lo que decían los representantes de la llamada teología de la liberación latinoamericana (que de latinoamericana, tenía poco) cuando alguien osaba rebatirles algo: le replicaban que era una persona “controlada” por Roma.
Es imposible pensar racionalmente cuando se sufre de conspiranoia.
